Es la felicidad con el mal de los demás y nace de la fuente de la envidia. ¿Te carcajeas cuando ves caer a alguien? o ¿te fastidia el éxito de los demás? Por su condición de mediocres, Dante consideró a los envidiosos indignos incluso del infierno y los relegó al purgatorio.
La envidia tiene 2 caras: padecimiento por el éxito ajeno y regocijo cuando vemos al otro caer o sufrir.
Este regodeo es un sentimiento universal , la mayoría de las culturas cultivan poco la admiración o el placer ante el triunfo de otros.
En la alegría o pena por el dolor ajeno tiene mucho que ver la opinión buena o mala que tengamos sobre la persona que sufre. Estudios realizados con técnicas de imagen cerebral concluyen que los hombres son más vengativos que las mujeres y que sentimos mayor alegría por la desgracia ajena cuando el dolor lo padecen personas tramposas o que creemos indigas por algún motivo vinculando nuestra alegría al deseo de venganza.
Lo que nos conduce a la envidia es una inseguridad emocional o un sentimiento de inferioridad que nos lleva a vernos amenazados dentro de nuestro circulo de amistades o profesional y nos hace tomar una actitud negativa que expresamos como crítica , injuria o burla contra otras personas más competitivas o que creemos que pueden hacernos sombra en nuestro entorno.


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