El entrenamiento es el proceso más repetido en la vida de un atleta y el más primordial, por eso resulta de suma importancia cuidar con esmero todos los factores y elementos que hay a su alrededor.
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Está demostrado que la mejor manera de entrenar es un grupo. Si entrenas solo es aconsejable que busques alguien con quien correr (o entrenar). En el caso de que sea imposible utiliza diversas estrategias para paliar este inconveniente: corre o entrena por recorridos o parajes que te resulten agradables, imagínate que corres con alguien (puedes llegar incluso a imaginarte que estás compitiendo), si utilizas distintos recorridos -y si forma parte del plan de entrenamiento- vete anotando las mejoras de tiempo de cada circuito, lleva un diario de entrenamiento en el que anotes diversas variables (tipo de entrenamiento, distancia recorrida, pulsaciones al acabar y al minuto, peso, molestias, etc.), corre o entrena siempre a la misma hora (evita las horas del mediodía) y -si lo permite el plan de entrenamiento- corre sabiendo que podrías correr más rápido y más distancia.
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Si sigues un plan de entrenamiento ten constancia siempre del tipo de entrenamiento que cada día hay que hacer y de las indicaciones relativas a distancias (y su variabilidad), número de repeticiones, tiempos de paso (si los hubiera), de ejecución y de pausa. En el caso de que únicamente hagas carrera continua, corre a un ritmo que te permita sentirte bien -disfruta de la carrera y del paisaje- y alejado del estrés ambiental (ruido, contaminación, tráfico, aglomeraciones, etc.).
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Si corres o entrenas solo, hazlo por parajes o circuitos cercanos a tu casa, de esta manera evitarás cansarte o sentir pereza de desplazarte hasta un lugar lejano para correr. Puedes hacerlo a ciertas horas especiales (al amanecer o al atardecer, si es que te gusta ver la fiesta del sol) que te ayuden a disfrutar plenamente.
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Con independencia de si entrenas sólo o en grupo procura siempre imaginarte (visualizar) realizando el entrenamiento o cada parte del entrenamiento. Esto además de permitirte entrenar mejor te impedirá la improvisación y con mucha seguridad bastantes lesiones.
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Acude al entrenamiento con tiempo suficiente para charlar con tu entrenador, con otros atletas, para calentar de forma adecuada, para cambiarte o ajustarte la ropa adecuadamente, podrás comprobar el material que vas a usar (zapatillas de clavos, vallas, pesos, discos, jabalinas, martillos, balones lastrados, fosos, etc.) y en general te permitirá no estresarte más.
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Durante el entrenamiento utiliza el diálogo interno o autoinstrucciones con frases de ánimo o que te ayuden a sentirte bien: ¡Venga, ánimo, tú puedes!, ¡Venga, ánimo, ya estás acabando!, ¡Venga «tu nombre»!, ¡ánimo lo estás consiguiendo!.
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Cuando acabes de entrenar dedica un tiempo para volver a la calma. Si es posible haz un ligero trote descalzo por el césped o simplemente haz un ligero trote y aprovecha para repasar mentalmente aquellas cosas que has hecho bien y felicítate por ello. Después, puede ser un buen momento para hacer un ejercicio de respiración relajante (ver el apartado dedicado a las técnicas de respiración).
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Si te gusta y corres cerca del mar, finaliza tu entrenamiento con un baño. El baño en el mar, además de las innumerables indicaciones para la mejora de la salud, supondrá un perfecto masaje. El agua fría será un perfecto analgésico para muchas de las molestias musculares que puedas sentir.
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Para finalizar este apartado, y de forma general, actuar de forma que no generemos en nuestro organismo más estrés y utilizar todas las estrategias posibles para sentirnos bien después de haber entrenado.

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