La celulitis es mucho más que grasa ordinaria y que para luchar contra dicha condición es vital entender todos sus aspectos: cómo es su estructura y cuáles son las causas que la producen.
La celulitis es una infección de la piel –también llamada infección de tejidos blandos– que consiste en la acumulación de grasa en las capas más profundas de la piel, formando nódulos
que confieren
un aspecto acolchado conocido como piel de naranja. Junto al recrecimiento de
las células grasas, el tejido celulítico muestra una clara evidencia de invasión de
fluido en las fibras de los tejidos conectivos de las capas superiores de la piel,
ya que no solamente retienen el líquido que evidentemente causa hinchazón en
los muslos, caderas y abdomen, sino que también las toxinas que se acumulan
en ellos destruyen el colágeno y las fibras de elastina que ayudan a mantener la
piel suave y firme.
Su aparición se asocia a hábitos poco saludables, como una vida
sedentaria, estrés, ropa muy ajustada y malas posturas, entre otros.
Pero también influyen la genética y los problemas hormonales.
Independientemente del peso corporal o la edad, más del 80% de las
mujeres españolas padecen celulitis en las zonas más comunes
donde aparece. Las zonas que más la sufren son los nalgas, los muslos
y las caderas, aunque también en brazos y abdomen.
La aparición de piel de naranja va a depender de varios factores:
Genética: si tus predecesores son propensos a acumular grasa en cierta zona del cuerpo y su tejido conjuntivo no es robusto, los genes que hacen referencia a estos caracteres puede que pasen a ti y por eso seas más propensa/o a acumular grasa.
Género: las mujeres tienen más tendencia a tener piel de naranja por dos razones: acumulan más grasa en ciertas zonas corporales debido a su sistema hormonal y su red de tejido conjuntivo es más débil que la del hombre, con lo que la piel de naranja se forma fácilmente.
Edad: comienza a aparecer o a formarse después de la primera juventud, aunque se hace visible después de la adolescencia que es cuando se ralentiza el metabolismo y la vida se hace más sedentaria.
Además de recurrir a dietas y ejercicios son pocas las opciones que existen para reducir efectivamente la celulitis. Una de ellas es a través de la aplicación de un masaje adecuado. Este es conocido como el masaje de drenaje linfático. Se recomienda que este tipo de masaje se haga dos veces en semana para obtener resultados adecuados y que sea aplicado por un profesional entrenado de forma que este tipo de terapia resulte provechosa aunque también puedes hacertelos tu misma.
Existen productos en el mercado que contienen elementos para mejorar la celulitis, como la L-Carnitina, que es una sustancia presente de forma natural en la piel que interviene de forma activa en el proceso metabólico de transformación de grasa en energía.Estas cremas o geles suelen producir un efecto frío sobre la piel que activa la circulación de la sangre. Dos veces por semana se puede realizar un masaje linfático casero con movimientos lentos y poca presión.
También hay intervenciones clínicas como la radiofrecuencia que consiste en la emisión de ondas de muy alta frecuencia con el objetivo de producir un calentamiento local controlado de la dermis y el tejido subcutáneo, contracción de las fibras de colágeno y disminución del tejido adiposo. Se recomienda una sesión semanal para lograr resultados excelentes que perduran durante 6 meses aproximadamente.
-La mejor recomendación es beber, al menos, dos litros de agua al día.
Basta con recordar que aproximadamente el 70 por ciento del organismo es líquido para darse cuenta de su importancia. Si al cuerpo le falta hidratación, se convierte en una especie de papel secante y, en vez de eliminar toxinas, se queda con todas. De ahí la importancia de beber, para que, como en unas tuberías en perfecto estado, el sistema de arrastre funcione de forma correcta.
-Un exceso de sal puede contribuir a su formación. La sal provoca retención de líquidos, una de las causas principales de este problema. Lo mejor es buscar formas alternativas para darle sabor a las comidas, como las especias o el limón, y olvidarse, de vez en cuando, del salero.
-La falta de regularidad en el tránsito intestinal también ayuda. Que el bolo alimenticio permanezca mucho tiempo en el colon significa que las sustancias de desecho superan su plazo natural dentro del organismo, lo que obliga a los riñones a concentrarse en ellas. Además, ese peso extra que se concentra en el último tramo del sistema digestivo comprime la circulación de las piernas.
-Evitar el alcohol y la cafeina por sus efectos deshidratantes además el hígado es el responsable de procesar las toxinas, para que así la sangre se libre de los agentes más negativos, por eso, cuando detecta alcohol, se lanza a por él con todas sus fuerzas, dejando de lado la comida, lo que provoca que las sustancias de desecho no sean correctamente eliminadas.
-Hacer ejercicio es recomendable como por ejemplo la bicicleta, pero no deportes fuertes ya que el ejercicio de alto impacto, como el step o el aeróbic intenso, pueden acentuar este fenómeno, especialmente si no se lleva un calzado adecuado, capaz de absorber el rebote. La razón es el golpe contra el suelo, que al ser brusco contribuye a congestionar las zonas donde la circulación es defectuosa. Son mejores los deportes de bajo impacto, como la bicicleta estática, la cinta rodante, el aquaeróbic o la natación.

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